Andrei Taiba

T O R V A

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2DA EDICIÓN

Ilustrado y animado por Felipe Ruz

© TORVA
Andrei Taiba
2a Edición
ISBN: 978-956-414-472-6
Poemas: Andrei Taiba
Ilustraciones: Felipe Ruz
Diseño Web: Sebastián Godínez


Torva

Andrei Taiba Ilustrado y animado por Felipe Ruz

El joven poeta Andrei Taiba, en Torva, su primer libro, nos transporta al lado oscuro de la realidad y el lenguaje. Emergen las imágenes recordando a veces al enigmático Conde de Lautréamont. Es una poesía irritante donde el lenguaje juega con las imágenes del poeta como en una trampa para conejos.
Las artimañas fluyen detonando en los sentidos atiborrados de espectros mudos que se consuelan entre sí en espejos agrietados.

Invito al lector a reconocer y presenciar el trabajo de un poeta inquietante.

Manuel Andros

Fe de Erratas

Se comunica a los lectores que esta segunda edición ha sido sometida a cambios de carácter ortotipográfico en lo que respecta a la primera edición.

Agradecimientos a los lectores y en especial a

Francisca Rivas por su constante apoyo y desinteresada labor,
Nicolás Taiba por su creatividad e iniciativa,
Sebastián Godínez por su profesionalismo y compromiso.

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Bucle

Fermento en el burdel de mi cuarto
delineando mis ojos con grafito.
Nocturnas mal sobrellevadas
dan pie al oráculo marchito.
Dispongo de rodillas a rezar
a tal retrato mío de infante.
Morbosos latigazos
truenan en mi lengua.
Soñador asesinado
por estos años de errante
que dan pie a reflexiones metafóricas
pero pobremente poéticas
más bien, un sin llevar de alas
alojadas en el despropósito de una siesta
dan pie al alcohol lubricante.
A venas florecidas
atolondradas en manos
que se sacuden benignas arrítmicamente
Que hoy por hoy
escriben sobre prados verdes
Donde yacen con cuerpos alborotados
y los huesos son puentes
para gusanos gitanos
Nómades de tumbas entreabiertas
festejando por carne que roer.

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Opérculo

Alfombra roja para colillas olvidadas
De pesimistas incautos amantes de la rutina.
He asesinado mi ego
para poder escribir del olimpo
pero brotan líquidos espesos
de orificios que no conocía
atajadla y llenar el cáliz
para perros sedientos.
Desnudo, ya en mi vientre
me preparo para nacer con mejores artificios
con ansias de burguesía
y mi nombre en la portada
con el alias de "poeta",
que ruo con ojos enrojecidos
por creer que solo para nosotros
brillan las cosas bajo el sol.
Recuerden, el cielo está trizado,
las nubes son restos de hombres
que se abocaron al vacío
abrumados de peticiones
ensimismaron pecados mortales
nacientes del libre albedrío.
Y tú, como yo
giramos la cabeza
para no apreciar tal espectáculo.

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IV

En noches nostálgicas como esta
el techo es cine de moscas
con el telón que baja apestado de sudor.
Mientras las colillas aplauden,
me enrosco en mi asiento
creado de sábanas
que rechina y relincha
apetitoso de una crítica
del porqué seguir recostado.

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Mariposas

Péndulo lumínico
arraigado a interruptor
ilusiona artistas contemporáneos
clásico sueño húmedo.
Salto tal delfín en celo
engullendo la luciérnaga artificial.
Entre muelas crujen vidrios
y vomito mariposas fermentadas

que unidas

forman un charco refractivo
donde inhalo mi gemelo
cual narciso posmoderno.

Dejadme esconder mi rostro
entre senos otoñales
floreciendo en la pala
de algún senil barrendero
despechado de arboledas
nacidas desde macetas coloreadas
correteado por perros
y algún pájaro territorial.

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La verdad

La verdad es el caminante con gusto a
absenta y una mirada con desenfoco abrupto
mientras tales corrigen abrigos rotos
y ellos miran el reloj de piedra en la plaza común.

Tenemos alegorías a tabacos marginados
celebramos el día de la grieta
amontonados en casuchas floridas
de un invierno con gusto a placebo.

Migrantes telediarios asechan
ese amor a la imitación de terciopelo.
La verdad es un diente en la
almohada del niño que dijo creerle a su madre.

Otro terrón de sal al sol
pagando otra letra con fecha de mañana.
Tenemos empeñados los dientes
a hombres y mujeres a las salidas de las casas.

Hay fotos en los almacenes
que cuentan un amorío al hurto.
Bancas, bancos llenas y llenos
aguardando traseros cansados.

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Rapaz

En el marco vespertino
del consciente que llaman creativo
estrello palomas domésticas
donde la sinapsis florece
y las plumas vuelan
mientras tales plumíferos
desgarran el aire.

Escribo eufórico
asimilando destellos vivientes
en el intento de alzarse.

Sus gorjeos
despiertan mil manos
que extienden dedos amarillentos
rogando amortiguar aves
para no tinturar la tierra.

Yo en cambio,
desde el escondrijo de mi paraguas
ardo y la tinta seca.

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Negra

Mientras viajo
un sueño con maletas
me recuerda lo cobarde.

Ya puedo hasta dibujar
la oveja que salta del vino.
La tengo de mascota en el patio
contando hombres
que la compran en madrugadas
a precio de hígado
y la acobijan protectores
en sus chaquetas de labor.

Placer mediático.
Los jueces son caminantes apetentes
de miradas sobrias
con y sin ganas de llegar.

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Casa de retiro

Algún retrato de tazón
serviremos por la mañana
con gusto a borra mediterránea
desencajando la mandíbula ácida
para inventarnos papilas
con gusto a “ti” de tarde.
Hay ganas de roncar
con enes volcadas
saliendo de tu cabeza
que colecciono avaramente.
Tengo una mentira bípeda
la cual colocó un pasaje
en el bolsillo de una chaqueta
que dejó mi padre al irse.
Tu cuadro de pájaros muertos
trae el desayuno a la cama
con plumas al plato
y tu gato mirando con envidia
al cual le enseño los dientes
y él me muestra la cola.

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B.

Las baldosas me cantan
en un cuarto de piano
y la contraportada acústica
del cansancio matutino.
El café mierdoso
me repite notas.
Instrumento purulento
que ensancha mi boca
para distinguir en qué acorde
quedó la hora.

Día manso
como senos etarios
y testículos jubilados.
Te entiendo amigo
cuando me recitas
que en cada tarde
juegas al luche
en las cerámicas del metro
aguardando la piedra
que sobrepase
las vías que cantan.

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La Escondida

Prometo no jurar
juro no prometer
casas llamadas hogares
a los canarios
de mineras que me enamoro
más de dos paredes
en el ángulo opuesto
referente al de noventa grados
(con vista a la avenida).

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Chamizo

Soy la línea parpadeante
que ves desde el bus
hacia los cultivos de parras.

Soy el polvo levantado
por el despegue de la paloma
en el paradero matutino.

Soy la ceniza que cae
de algún colchón distraído
a causa del cenicero distante.

Soy el neumático exiliado
por algún camino sureste
degustando una vista enverdecida.

Soy el creador y conocedor
de fragancias borrosas.

Y por ello,
mañana al despertar y morir
será de viejo.

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¿Has visto?

una palma brillante
sujetando el viento
acompañado de la llama
en el escalón de la puerta
el grito a sabor de cebada
y perlas podridas.

El aplauso de esquina
y un hombre con las rodillas al pecho
mientras ocupas la nostalgia
de peyorativo propio
esa adicción color pastel
de intocables calles.
Bofetadas a domicilio
trayendo recuerdos elaborados
la memoria de salvación
no ensimisma,
sino de añoranza.

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Complacientes

En ocasiones rigurosas
me deleito devorando
senos germinantes
predispuestos a complacientes.

Fluidos habituales
te obligan a resbalar
sobre el colchón mohoso
semejante a cuna
de princesa coja.

Y por fin llueve,
me quitas la culpa
de citadino corriente
de deudor imaginario
de hombre bípedo
de cuello torcido.

Rememoro lo incivil
de atracar muslos
cual sediento
es hombre en burdel
de billetera vacía.

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Yelmo

Permuto bustos
de reojos cafetos
asentados al contrario
extremo del lagrimal,
esa vena revoltosa
señala una esquina
un local laborioso
a coste popular
hecho para mí
dudoso para ti.
Existió, hubo, aclaro
y reviso escalas emplumadas
marufia amorosa,
trae números y puertas
espejos y camas
sillas y avenidas
suelos y ventanas
donde revolcábamos odios.

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Nademos en tu escupo al cielo

Estoy
frente a la librería,
la misma
donde te esperaba horas.

Espero.

No estés maldiciendo edificios
variando dulces por pastillas,
Jugando a la escondida de escondidos
en la clínica que a veces extrañas.

Vacía el cenicero de la cómoda,
agrega más capas a la pared donde pinté
Y acaricia a los gatos por mí.
Ódiame querida,

pero aquí estoy.

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Persiana

Lagos levantando camas,
lunares de ventanas
sujetando tendederos
donde cuelgo algunos
bochornos del perro del vecino.

Lomos atendiendo almohadas,
adoquines al pie
calzando cuatro cuartos
Construyendo segunderos
que anhelan minuteros.

Otro reloj aparece
susurrando lugares
citando encuentros maternales
que guardan vientos costosos.

Hay miedos amaestrados
con postales floridas
y cenizas del mañana.

Cajas amenazantes,
polvo de revistas
que acompañan el
descascaro de paredes.

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Anfitrión

Tallo en mi pecho palabras vacantes
una rima atroz de palabras sonantes,
finalmente acompañadas de aplausos,
igualmente faltantes de sentido.
Se han encontrado
el tren y la mano en el cruce.
Los dedos apuntan los ojos del lector
en busca de preguntas por su exigencia.
Así desterré la estética
de la rosa en balcones amoblados
para admirar la piedra inmóvil
sesgada por el viento.
Y las hojas recorredoras de mundo
son simples amputaciones disyuntivas
de creaciones más prósperas,
pero mortales como todos los nacidos.
Una odisea moral transcrita
por bípedos amantes de la crítica.
Una sin razón precipitada,
un ensordecedor grito.
Orgasmo proclamado de labios secos
exhaladores de humo somnoliento.
Anfitrión para noches exacerbadas.

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Reacio

Me embaracé
de la sinfonía más aberrante y dulce que conocí
abortada en páginas amarillas
sostenida de manos toscas
brutalizadas por la tierra
enmarañando sentidos abstractos.
Dolientes de la singularidad morbosa
del hombre reacio cotidiano.
Cual modesto
imagina un esplendoroso futuro
con palacios blancos
cubiertos de murallas infinitas
en la búsqueda desesperada
del esquivo beso del amante
de turbantes y pendientes blanquecinos.
Tal joven efímera
abraza al hombre de páginas amarillas.

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X

Pierdo la mirada
que mujer Ira
propuso sostener hasta mañana.

Sentado en ojeras
las que tanto
en tanto mirabas cariñosa.

El cenicero
no aguanta más
perpetuos encendidos a la fuerza.

Me abrumo
en la estadía
placentera a vientres arrendados.

Y pujo
un poema
llevada a la silla del día.

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Tercero

Bajo de leones
donde los accesorios
mutan entre maniquíes
lustrados al desgaste vivo.

Un perro dirige entusiasta
otra obra local con su cola.
Garrapata de alto cuello
sensitiva y sublime
de primavera fila observa
generando su columna habitual.

Las palomas, ellas emocionadas
lloran al unísono, estrépitos
dramas cotidianamente familiares.

De espectador inhalo tercero
otra trivialidad llevadera
ejemplarizante, nata
con disfraz personal
de intérprete escaso
sonoramente simplista
apta para todo público,
y aplaudo.

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Por la cortina

Regalo razón a sobras
a señoras en ventanas
que no comparten
algún brote cercano.
Una naciente liviana,
una pupila primorosa
de sugerencia invernal,
de sabor agrio
con la nada de ganas,
con propósito al vacío
para beber jugo de uva
para darle

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Y me dices que no te gusta la poesía

Entonces me dedico
a robar gallinas cojas
y me dejo sobornar
por uno de los naranjos del patio.

Acomodo la quijada
y reparto cartas
a mi mano izquierda
acostumbrada a recibir.

Por diferir,
oda al declino,
rescatando damas tomadas
y tomemos por las damas.

Alguna decisión impropia
de talla pedante
para volver el negro,
a sus ojos provincianos.

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Índice

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